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sábado, 2 de mayo de 2015

Museo de Sitio la FLorida



MUSEO DE SITIO LA FLORIDA 


Ubicación 
Calle Antonio Costa entre Fernando y Corral (Barrio San Vicente de la Florida)

Horario de atención 
Miércoles a domingo 08:00 / 16:00

Costo de ingreso 
Entrada libre 

El Museo de Sitio La Florida es un cementerio o Necrópolis de los antiguos pobladores del valle de Quito. Se trata de un pequeño pero valioso Museo de Sitio, es decir, que está construido en el lugar mismo de los hallazgos arqueológicos.
La Florida nos muestra una arquitectura funeraria formada por varias tumbas que tienen forma de pozos profundos con cámara central. Fueron construidas entre los años 200 d.C y 680 d.C 


En 1983 empezó este proyecto que fue auspiciado por el Banco Central y por el estadounidense León Doyón que había escavado 6 sepulturas, por problemas que hubo el proyectó quedó inconcluso.
En el 2001 se creó el departamento de arqueología del FONSAL ( Fondo de Salvamento de Patrimonio Cultural) el director es el Dr. Holger Jara, encargado de los tres proyectos que son Tulipe, Rumipamba y La Florida.

En el 2004 se inició excavaciones a cargo de María del Carmen Molestina y Rodrigo Erazo
(ecuatorianos) esto terminó en el 2009 inaugurándose así este museo el 3 de Julio del 2009.
Como resultado tenemos 10 sepulturas con cámara central.  

Por medio de estudio forense se encontraron cráneos y por medicina legal se hizo la reconstrucción facial por Paola León (odontóloga colombiana).
Las medida de las sepulturas van desde los 10.50 m la mas pequeña hasta los 17m las mas grande. La forma de las sepulturas es circular, las interpretaciones de cosmovisión indígena actual (creencias que ellos tienen), esto representaba la perfección, el universo, el infinito, la vida, el sol, la unión de la vida (arriba) y de la muerte (abajo).

Se encontraron 400 piezas cerámicas, 55 personas y, se dice que, un kilo de concha Spondylus.
En una de las sepulturas podemos ver una representación de como enterraban a sus familiares, ellos los enterraban en posición fetal porque creían que iban a volver a nacer en el vientre de la mama pacha por eso, también, los enterraban rodeados por piezas cerámicas con comida, con agua, porque iban a necesitar alimentarse, también los animales eran parte de las ofrendas, mas no para la alimentación.

Otra de las interpretaciones del porque los enterraban en esa posición era porque creían que iban a hacer dioses del mundo de abajo.
Estas personas fueron encontradas mirando al occidente, al volcán Pichincha, al cual se supone que lo veneraban. ( Ésta sepultura media más o menos unos 17 metros, ahora no ya que se lo ha hecho con menos profundidad para que las personas puedan apreciar de mejor manera la representación)
En el lado izquierdo se encuentra una mujer de 22  años, en sus manos podemos ver el gancho de propulsor, se dice que pudo haber sido ama de casa. Al lado derecho vemos un varón de 45 años, era comerciante y murió por hernia discal (enfermedad de la espalda, llevaban tinajas en la espalda para comercializar).

También vemos un niño de más o menos 11-12 años  y un adolescente de 15-17  años. Estas personas morían por enfermedades como la artritis, osteoporosis, hernias discales, desnutrición, infecciones bucales. Algunas veces utilizaban el arrayán para aliviar el dolor de las caries, pero no sanaba del todo.
En la cámara central que era lo más profundo de las sepulturas, se enterraban a las personas que nosotros los llamamos las más importantes, tenían el lujo de ser enterrados en este lugar.

En cuanto a la vestimenta, las personas de la cámara central poseen un ajuar (poncho) hecha a base de concha Spondylus, cabe recalcar que solo lo usaban las personas importantes, las demás personas están cubiertas por un tardo (bolsa que cubre el cuerpo) y por una mortaja (pañuelón) que cubre sus cráneos.
En esta sepultura se encontraron 16 personas y en el hoyo de alado 4 personas.
La primera tumba en forma de un cilindro fueron encontradas 8 personas con diferencia de 1cm cada enterramiento con tierra (tierra agrícola obtenida de los sembríos cerca de la laguna).
Las líneas que observamos en las sepulturas son hechas de palo puntiagudo 60cm de largo y con hachas de piedra.

Para hacer las sepulturas primero ubicaban el lugar donde las personas querían ser enterradas, con el palo puntiagudo hacían la forma circular y con el hacha hacían la forma interna, ellos lo hacían de adentro hacia fuera, porque si hacían lo contrario la tumba se derrumbaba.
Las personas bajaban a los difuntos mediante escaleras hechas de capulí, chonta, utilizaban también soga de cabuya (penco).

En la tumba más grande y más antigua  se encontraron 12 personas, aquí podemos una cámara robot que bajaba y se veía las paredes de las tumbas.
Esta tumba data del año 200dc hasta el 600dc, es decir, que los enterramientos estuvieron aquí hace más de 1500 años.

Aquí también fue encontrada una vasija (en el hoyo que hay en la pared).
En la tumba en forma de trébol se encontraron tinajas, dentro de las tinajas había huesos de venados.
La tumba en forma de cilindro representa la UNIÓN entre el hombre y la mujer que son una sola persona, el sol, la luna.

La tumba donde están los cuerpos representa la DUALIDAD, por ejemplo la tierra y el cielo, el
agua y el fuego, etc.   La tumba en forma de trébol representa la TRIPARTICIÓN que significaba según la cosmovisión indígena actual los tres mundos; el de arriba, el de aquí (el de los vivos) y el de abajo (el mundo del más allá). La tumba más grande representa la CUATRIPARTICIÓN; los cuatro puntos cardinales, los 4 elementos principales (tierra, agua, fuego y aire), el calendario solar donde están los equinoccios y los solsticios que son fechas en donde ellos festejaban a sus dioses por agradecimiento. Por estas fechas ellos sabían cuando cosechar y cuando sembrar.

Para trabajar las sepulturas ellos excavaban hasta encontrar la cangahua (tierra suave y floja encontrada en verano) porque más abajo había ya tierra que ya no servía para las sepulturas, aprovechaban todo el tiempo de invierno (6 meses) para trabajar.

El techo que podemos ver aquí tiene la forma de una concha que tenía un gran valor para los Quitus.
Aquí podemos ver el ajuar funerario que consiste en el poncho hecha de concha Spondylus de color morado que significa muerte y hombre, y la anaranjada y beige significa la vida y la mujer, la mortaja y joyas laminadas y repujadas en oro (oro aluvial extraído de los ríos).

En la espalda podemos observar concha madre perla (nácar) y plaquetas de cobre, podemos observar que en la parte de la frente hay un disco de oro que representa la unidad, unión, los 4 discos de oro (mas abajo) representan la cuatripartición, las narigueras la dualidad y los tupus la tripartición.

Podemos observar pequeños fragmentos de textil que fueron encontrados en la tumba en forma de cilindro. Son tejidos de algodón de Ceibo (planta grande que bota algodón), venía de intercambio comercial y del valle de Guayllabamba, ellos elaboraban con hilares, con diseños que representaban su vida cotidiana. Son verdes por oxidación del metal. Esto nos demuestra que estos quiteños sabían tejer.

Tenemos la representación de los 3 mundos. El ave representa al mundo de arriba, la lagartija al mundo de aquí, y la serpiente al mundo de abajo. Podemos también ver que aquí está plasmado 92
la dualidad (2 aves. 2 lagartijas). La serpiente significaba la fertilidad de la tierra esto significaba el renacimiento ya que la serpiente cambia su piel dos veces al año y es como que vuelve a nacer.
Estas son las ollas trípodes que servían para infusiones con planta de la hoja de coca (terrazas agrícolas de Pimampiro) y chucchuhuasa (intercambio comercial) era como té y calmaba las reumas, esto mas lo usaban las mujeres, los hombres se dedicaban a las construcciones de las tumbas.

Este es una persona longeva de 45-50  años más o menos. Su rostro fue restaurado y es el 70% real de cómo fueron. Posee los ojos achinados, pómulos salidos, la nariz  y los labios no son reales.  Posee una piedra de río bien trabajada representación de una montaña, tola.

Estos caracoles marinos eran traídos por intercambio comercial. Representaban la fertilidad masculina y la concha la fertilidad femenina. Los caracoles servían también como aviso de la llegada o muerte de alguien. Solo lo usaban las personas importantes caciques, chamanes, jefe de hogar (papá, abuelo, persona más vieja). También vemos algunas cerámicas con diseños antropomorfos que representan la imagen del difunto, pero sólo si eran personas importantes.

La EMATITIS es el lodo, arcilla para embadurnar la cerámica, que antes de ser embadurnada era utilitaria, pero ahora sería de uso ceremonial.

Estas compoteras poseen diseños geométricos que los Quitus realizaban, por ejemplo estos círculos representaban a las tumbas, el triángulo a los templos o moradas de los dioses, la cruz que significa los 4 puntos cardinales y el calendario solar, la serpiente emplumada, como no tenían escrituras su vida cotidiana la plasmaban aquí.

Esto que vemos aquí es una copia, no son los auténticos, no los tenemos aquí por seguridad.
Podemos ver aquí los discos de oro laminados y repujados, se dice que pues usaban moldes para elaborarlos, lo usaban los hombres como pectorales.  También encontramos figuras de animales como el mono que expresa sabiduría. Por las técnicas utilizadas podemos decir que fueron excelentes orfebres.

Los tufos (prendedores) ellos no tenían botones, pero usaban esto para sostener su ropa.

Los tribulares o tubos de oro algunos con tapa servían para ponerlos en el gancho de propulsor, 93
estos tribulares poseían orificios por donde pasaba el hilo e incrustaban las piedras caliza (trabajada como gancho),  esto era una herramienta que servía para cazar animales de campo como ratas, conejos, cuyes, liebres, raposa, las mujeres también lo hacían esto demuestra la equidad de género. Los cascabeles de cobre servían para colocar en las esquinas del ajuar como adorno.

Los incas estuvieron 1000 años después que los Quitus. Los quitus no eran pueblos guerreros se dedicaban a la agricultura, pesca, comercio. El gancho de propulsor también era conocido como batelatec por los incas, es como una reportera, catapulta. La cangagua ya estaba mucho antes aquí. Sirve para que las sepulturas estén estables. Hasta el piso cultural(es de los años 680) es de los quitus, el resto es actual. Laguna Iñaquito hasta el siglo XVI.

Las sepulturas se comienzan a construir desde los 200ac hasta los 280dc. Promedio de estatura del siglo 3 hasta el 7 es de 1.60. El umbral de vida es de 50 años. La concha vive en la costa en los tiempos prehispánicos, difícilmente se lo podía conseguir. Se lo conseguía en profundidades bajas. Los caracoles también son llamados cututus americanos. La ermatitis se encontraba alrededor de la laguna .

La Spondylus fue una moneda, pero aquí la utilizaban como ofrenda. Es un nombre científico, los quitus la llamaban mullu.
Las corrientes del niño y las de Humboldt influyeron para que esta concha venga a nuestro país, la cual desde aquí se comercializaba a chile hasta California. Desde aquí era fácil de sacarla y de exportar. Es un molusco vivaldu.

YUmbos: se asentaron el noroccidente de pichincha, desaparecieron por causa de erupciones volcánicas.


Necrópolis: cementerio o lugar destinado para enterramientos. Palabra griega Necro= muerte y Polis=  ciudad, es decir, CIUDAD DE LOS MUERTOS.


Complejo Arqueológico de Tulipe


COMPLEJO ARQUEOLÓGICO DE TULIPE


Ubicación 


Horario de atención 
Miércoles a domingo 09:00 / 17:00

Costo de ingreso 
Adultos $3,00
Estudiantes, niños, tercera edad y personas con capacidades especiales $1,00

El sitio monumental de las piscinas de Tulipe es el centro de un amplio contexto cultural que conserva los testimonios de un hombre pasado. Este aprovechó el medio ecológico para desarrollar un estilo de vida propio y generar una cosmovisión mítico-religiosa que guiaba su comportamiento, sin influencias externas, pese a sus buenas relaciones con otros pueblos circundantes.

El reconocimiento arqueológico realizado por el FONSAL determina que el territorio del subtrópico quiteño, ocupado actualmente por las parroquias rurales de Nanegal, Nanegalito, Gualea y Pacto, tiene una extraordinaria cantidad de vestigios arqueológicos que les sintetizaríamos en tolas, caminos, petroglifos, centros ceremoniales, pucarás y materiales culturales.

La construcción de todas esas estructuras por parte de los yumbos constituye una evidencia de su más alta expresión creativa, no sólo desde el punto de vista arquitectónico o de diseño, sino también de su desarrollo social, organizativo y religioso. El contenido simbólico, probablemente astronómico ritual es inherente al conjunto monumental, pues la arquitectura precolombina, en general, se basaba en consideraciones míticas íntimamente vinculadas al conocimiento del universo celeste y los cánones de la religiosidad.

El museo se compone de cuatro pabellones, de los cuales 3 son salas de exposición y una tiene la función de concentrar socialmente a los turistas.

En la sala introductoria se habla de la ubicación geográfica y medio ambiental de Tulipe.

El Museo se encuentra al otro lado del río Tulipe y 20 metros más alto con relación a las piscinas. Esta diferente ubicación conlleva simbólicamente el significado que tuvo en tiempos ancestrales la presencia del río, el cual no separaba territorios como lo hace actualmente; por el contrario era el eje de unidad y convergencia entre los Yumbos del norte de Tulipe (Nanegal, Nanegalito) y los Yumbos del sur (Gualea, Pacto, Niguas, Cocaniguas y Ztachilas).

La ceja de montaña occidental, cubierta de un bosque tropical húmedo, fue el escenario de una sociedad que tenía una forma de organización muy similar a los señoríos étnicos de la Sierra ( período de Integración). Las pruebas de campo aportadas por Ronald Lippi (1998) y los datos etnohistóricos de F. Salomon (1997) y A. Costales (2002), establecen la existencia de varios asentamientos en el territorio Yumbo, que no solo compartieron el paisaje y los recursos, sino también unos comportamientos culturales bastante parecidos. Si analizamos con detenimiento los restos de la cerámica yumbo, verificamos que ésta tiene formas y acabados de superficie muy similares a la que se conoce como Caranqui en la Sierra, de allí que Costales piense que los yumbos son los Caranquis del Noroccidente. Esta apreciación es corroborada también por la amplia dispersión de tolas y pirámides truncadas registradas en el territorio yumbo, igual que existen en un espacio comprendido entre el valle del río Guayllabamba y el valle del río Chota.

En la segunda, de tipo etnográfico, se aprecia materiales del hombre contemporáneo que traducen sus actividades madereras, agroganaderas y de cañicultura,

Los Yumbos fueron principalmente un pueblo agrícola y de comercio, que también cazaban y elaboraban artesanías. Los Yumbos cultivaban plátanos, aguacates, piñas, lúcuma, miel, palmito, frutas cítricas, guayabas, y criaban animales como pecaríes, pavos, guatusa, el pescado. Ornamentales, rituales o plantas medicinales, tales como las orquídeas y la coca, fueron cultivados en terrazas.

Los Yumbos intercambiaban el maíz, yuca, chile, coca, papas dulces, frutas, maní, coco, la sal, el caucho, el algodón, el incienso y las plantas curativas, a cambio de obsidiana, conchas y pieles de animales sagrados como el spondylus princeps (un molusco bivalvo) y la madre de la perla.
Los estudios indican que tanto la sal y el oro formaban parte de los recursos de los Yumbos, aunque es incierto si este último fue extraído de fuentes locales o fue resultado del intercambio. Los españoles colectaban de los Yumbos cobijas de algodón con diseños distintivos, camisas, chales, bufandas y bolas de hilo. Esto fue un estímulo para que Quito se convirtiera en el centro de la industria textil de sur América.

La red comercial Yumbo se extendía desde la sierra hasta la costa. Sus rutas comerciales consistían en caminos ('culuncos') escondidos en la densa vegetación de las laderas de las montañas. Mucho tiempo después se convirtieron en caminos incas y utilizados posteriormente por los conquistadores españoles, los republicanos, los madereros, los comerciantes de licor de contrabando y de los trabajadores agrícolas de hoy.

La tercera sala, la principal, incluye toda la interpretación arqueológica de la nación yumbo, En la misma destacan los temas de la estratigrafía geológica local, el comercio, la arquitectura piramidal de las tolas, las redes viales, la cosmovisión, la geometría y los materiales culturales rescatados, a través de los cuales se identifica al hombre del subtrópico quiteño. Los Yumbos estuvieron familiarizados con la astronomía, la geometría y la arquitectura. Las creencias de los Yumbos se encontraban en medio de tres mundos: el de las deidades celestes, el mundo terrenal y por debajo del mundo.

Durante los solsticios y equinoccios Tulipe se convirtió en un centro ceremonial, ritual y religioso para la gente local para llevar a cabo rituales de iniciación, purificación, fertilidad y agradecimiento a la Madre Tierra.

Los Yumbos celebraban a la naturaleza en formas de cascadas, ríos y valles, ya que los consideraban sagrados. Los Yumbos caminaban con dos palos largos de madera, parecidos a los bastones de trekking usados actualmente. Ellos cargaban una canasta grande ('Chalo') en su espalda, ligeramente tejida con fibras naturales y con el apoyo de una banda alrededor de su frente. Las casas de los Yumbos estuvieron hechas de bambú.

Tolas
En la región de Tulipe abundan las "tolas" - pirámides truncadas de aproximadamente 20 metros (65 pies) de altura, su altura es una indicación de señorío entre los habitantes. Formado por la tierra y una mezcla de otros materiales, las estructuras más importantes tienen escaleras o rampas. Se cree que han sido tanto viviendas y áreas ceremoniales, con los sitios funerarios situados en las inmediaciones. Aspectos de la vida y la muerte para los Yumbos estaban inextricablemente entrelazados. Las 4 tolas principales y guardianas, situados en los 4 puntos cardinales de la brújula, la cara del Valle Sagrado de Tulipe y las "piscinas". Venga y admire estas estructuras místicas y misteriosas, únicas en el Ecuador.

Piscinas
Una piscina es una zona hundida geométricamente en forma de cuenca o de piedra con significado astronómico y religioso. Hay 7 "piscinas" en Tulipe (1 piscina Inca):
  • 2  semicirculares
  • 2  rectangulares
  • 1  plaza
  • 1 circular
  • 1  poligonal (en forma de jaguar yaciente )

La interacción de círculos, cuadrados y cruces formadas por sus posiciones y ángulos es cultu 5 ralmente significativo. La pendiente de la 'piscina' y paredes suavemente hacia fuera en un ángulo de 15 grados para ayudar a la estabilidad. Una piscina 'contiene un monolito con el símbolo de la fertilidad fálica. Las "Piscinas" fueron conectadas por una red de canales para transportar el agua.

El agua fue un elemento clave de la vida Yumbo, con las dos propiedades curativas y purificadoras.
 Al igual que un gigantesco espejo que refleja el cielo y la grande 'piscina circular' permitía a los chamanes observar el paso del sol y la luna. Las aguas en la "piscina" en efecto, presos de la luna, atrapándola en el mundo de abajo. Los creyentes lanzaban pequeñas piedras del río en la piscina "como parte de un ritual, que recibiendo el espíritu del agua, que se manifestaba en los círculos concéntricos.

La geometría de la "piscina circular" es fascinante, su forma redonda un símbolo de la perfección, la eternidad y el infinito. El círculo imita tanto la forma de la luna llena y el sol y, posiblemente, la madre naturaleza en gestación.

Estaba formado por cinco círculos concéntricos de piedra, y los arqueólogos han descubierto una caída significativa de la sombra en la rampa de acceso en el 06 de mayo la fecha inmediata entre el equinoccio de primavera y el solsticio de verano y la fecha en que terminan las lluvias y el verano comienza. Una gran roca cerca al río tiene petroglifos con círculos concéntricos, espirales y diseños antropomorfos, que representan tanto a los órganos reproductores masculino y femenino que simboliza la eternidad y el infinito, la vida, la tierra, la humanidad, la divinidad y la fertilidad.




Museo Arqueológico Rumicucho


PUCARÁ DE RUMICUCHO O LULUBAMBA 


Ubicación 
A 4km de la Población de San Antonio 

Horario de atención 
Lunes a domingo 10:00 / 22:00

Costo de ingreso 
General $4,00

El pucará de Rumicucho es parte de un sistema de fortificaciones de las cuales también se conocen los pucaráes de La Marca, Trigoloma, Pambamarca y delvalle de Guayllabamba.

El Pucará de Rumicucho tiene alrededor de 380 m. de largo y 75 de ancho; está conformado por 5 terrazas de piedra que siguen la forma piramidal de la colina sobre la cual fueron construidas.

Está situado a pocos kilómetros del lugar en que la Misión Geodésica Francesa fijó la mitad del mundo, en San Antonio de Pichincha a 4 km. del carretero que conduce a San José de Minas y Perucho.

El Pucará de Rumicucho fue construido por los incas entre 1480 y 1500. Los materiales arqueológicos revelan presencia incaica, en el sitio se han hallado testimonios de ocupación simultánea, de pobladores nativos de la zona.

La palabra quichua pucará identifica un tipo de edificación aborigen muy común en los Andes de Sudamérica. Estas construcciones, generalmente levantadas en la cima de colinas con ubicación estratégica, fueron utilizadas durante la expansión del incario en calidad de fortalezas para defender territorios conquistados o como lugares de aprovisionamiento de víveres para los ejércitos empeñados en la expansión del Estado Inca.

El nombre del Pucará deriva de dos voces quichuas: "Rumi" (Piedra) y "Cucho" ( rincón), "Rumicucho" quiere decir "rincón de piedra"; aunque antiguamente se denominaba Lulumbamba de "Lulum" (fruto) y "Bamba" o "Pampa" (llanura o planicie) lo que significa "llanura fértil".
Se encuentra ubicado en la provincia de Pichincha, cantón Quito, en la parroquia de San Antonio de Pichincha. El Pucará se encuentra a 4 km al norte de San Antonio de Pichincha. En el extremo norte se encuentra el encañonado del río Guayllabamba y en dirección al sur, la quebrada Colorada. Al este una planicie limitada por los cerros de la Providencia y Catequilla y al oeste de los cerros de La Marca y Padre Rumi.

El paisaje dominante es de tipo desértico, con una rala cobertura vegetal formada por especies xerofíticas, entre las que se encuentran los cactus, tunas, pencos, matorrales como la chilca y mosquera y árboles como el quishuar, molle, algarrobo y campeche. El territorio en el que se encuentra el Pucará forma parte de la zona Xerofítica Equinoccial de la Provincia de Pichincha, cuya temperatura media es de 18 °C.

El término quichua “pucará” significa fortaleza o lugar fortificado. Los pucaráes están asociados
con la etapa incaica, y las primeras evidencias datan de finales del siglo XV. El Pucará de Rumicucho fue construido por los incas como un centro militar de control en el territorio de Quito, a la vez que fue utilizado como un puesto de avanzada en la conquista de los pueblos ubicados en Cayambe y Caranqui.

La forma alargada de la colina en que se encuentra, determinó que la edificación se distribuya en varios espacios horizontales, rodeados por sólidos muros de contención. De acuerdo a los estudios realizados, se desprende que la colina, originalmente de superficie curva, fue modificada intencionalmente para obtener una forma escalonada, dejando al centro una plataforma rectangular que cumplió funciones de carácter ceremonial, a juzgar por la amplia visibilidad que proporciona en los cuatro puntos cardinales, cuanto también por la ausencia de restos de ocupación humana.
En los extremos de este espacio se distribuyen dos terrazas a cada lado, en cuyo interior se ubican varios recintos habitacionales actualmente identificados por los cimientos, agujeros de postes, gran cantidad de restos de alimentación y desechos de objetos de cerámica, piedra y 86 hueso.

Este sitio tuvo una funcionalidad militar, pero también se han descubierto evidencias que permiten afirmar que fue utilizado como un centro ceremonial. La población asentada en este lugar, a más de cumplir labores relacionadas con la subsistencia, estaba dedicada a la elaboración de tejidos, afirmación que se confirma por el hallazgo de centenares de herramientas textiles elaboradas en hueso de camélido, principalmente llamas.

El pucará esta compuesto por cinco espacios atarazados poseen construcciones de diferentes formas y tamaños, siendo los más comunes los rectangulares y cuadrangulares.

Cuarta Terraza
Esta terraza está a continuación de la anterior y a un nivel más alto, se extiende un espacio rodeado por los muros de contención. En el interior no existen edificaciones, salvo un pequeño cuarto en la esquina sur oeste, con función de puesto de control en el trayecto a la parte alta. En esta terraza la gente se reunía antes de acceder a la cima del edificio, considerado el lugar de mayor importancia ritual. Este espacio, a más de permitir el ingreso a la tercera a través de una escalinata, se conecta con la segunda por medio de dos andenes longitudinales, 87 también delimitados por muros de contención.

Tercera Terraza
Es la parte más alta del Pucará y desde su cima se puede observar la extensa superficie y todo lo que se encuentra en los cuatro puntos cardinales. Esta plataforma, similar a otras identificadas en el área de Rumicucho, marcaba con toda seguridad el centro del edificio y el lugar de celebración de ritos. Esta terraza, igual que en el extremo sur, tiene otra escalinata para bajar a la segunda.  Cuando se hacían las excavaciones  en el interior de esta terraza se encontraron muchos desechos alimenticios como huesos, partes de cerámica y objetos de piedra.

Desde este lugar se puede divisar al norte el Nudo de Mojanda, el Cerro Fuya-Fuya y las poblaciones de Atahualpa, Puéllaro y Alchipichi; al sur esta la entrada a la ciudad de Quito; al este el Cerro La Providencia y el Catequillas, el Volcán Cayambe, y el Cerro Paco. También se puede observar al Casitahua, al Cerro de La Marca y al Padre Rumy. En la planicie se encontraban los Ushnus. Existen dos importantes quebradas, la Quebrada Colorada y la Quebrada de Shaigua.

Segunda Terraza
Los recintos descubiertos debieron servir como lugares de consumo de alimentos y bebidas, luego de las actividades ceremoniales realizadas en la parte más alta del edificio.
La estructura circular, actualmente incompleta por la erosión sufrida en la parte adyacente al barranco, se hallaba cubierta con una armazón  de madera, a juzgar por los agujeros de poste identificados en su interior. En la parte occidental, y junto al segundo muro de contención, se encuentran dos recintos pequeños, identificados como cocinas.

Se trató de lugares en donde se preparaba la comida en fogones de piedras semi enterradas y se guardaba el agua en grandes arríbalos asentados en  agujeros realizados en el suelo. En el área de las cocinas se recuperó una gran cantidad de restos de alimentación, como huesos de llama, cuy, pato, a más de caracoles de tierra y otros restos de fauna.

Primera Terraza
Corresponde al espacio más extenso del Pucará, localizado en el extremo norte del edificio. Se conoce, por las evidencias superficiales, la existencia de un muro perimetral, un corredor  y una estructura circular en el extremo noroeste, vestigios que no han sido excavados.

Al lado occidental de pucará se encuentran vestigios de dos cocinas, más adelante se encuentran los restos de un fogón original, en el cual preparaban los alimentos para todos los habitantes del pucará. También se encontró un gran basural con huesos de llamas, alpacas, patos, armadillos, conejos, venados, peces y monos.

Se puede decir que el Pucará fue una pequeña ciudadela, construida con materiales propios de la zona como la piedra de color rosado, tierra, piedra pómez, madera y paja recogida en las partes altas de las montañas.

El agua se obtenía de vertientes localizadas en la parte oriental del pucará y cerca de la quebrada de Monjas. Las edificaciones responden a un patrón arquitectónico incaico, adaptado a las condiciones topográficas de la colina, las cuales determinaron la ubicación de accesos, puestos de control y dirección de los muros de contención.


Museo de Sitio Cotocollao


MUSEO DE SITIO COTOCOLLAO 


Ubicación 
Calle Santa Teresa N70-121 y Loyola, Barrio Cotocollao.

Horario de atención 
Lunes a viernes 08:00 /16:00

Costo de ingreso 
Entrada libre 

Este asentamiento humano habitó una planicie de relieve, rodeada por una laguna de origen glacial que desapareció en los primeros años de la “fundación” española de Quito. En una superficie de 26 hectáreas, se asentó este poblado, distribuido en pequeñas casas de 5 metros de ancho por 8 metros de largo que se levantaron indistintamente en el área, buscando únicamente la cercanía al cementerio que probablemente era lugar de culto y veneración.

El cementerio descubierto en la aldea, en la primera etapa de ocupación (1500 a 1100 a.C.), estuvo conformado por enterramientos individuales así como en fosas circulares, en la que cada difunto estaba acompañado por ofrendas. En la segunda etapa u ocupación tardía (1100 a 500 A.C.), el rasgo funerario más importante fue el cementerio de tipo colectivo.
En este museo se destacan las características Culturales de los primeros asentamientos Formativos descubiertos en el Valle de Quito, basadas en las evidencias arqueológicas recuperadas en este Sitio de Cotocollao, el mapa importante detectado hasta hoy en la Meseta de Quito. El formativo representa un medio de vida basado por primera vez en la producción de alimentos, es decir en la manipulación progresiva de productos agrícolas, especialmente el maíz, la yuca, poroto, etc. Supone una serie de desarrollo de procesos culturales que van adoptando paulatinamente.

Se caracterizan por: 
Una Vida sedentaria en asentamientos cada vez más estables, Organización social basada en linajes que practican la reciprocidad y el culto a los antepasados y que reconocen la propiedad comunal de la tierra, Construcción de viviendas permanentes para familias amplias, Aparición y desarrollo de la alfarería, circunstancia que permite la cocción de alimentos en recipientes de barro, Uso del algodón para la confección de vestidos, Perfeccionamiento técnico en la fábrica de artefactos en piedra para moler, cortar, perforar, sembrar, La cacería, la pesca siguen siendo actividades importantes, pero complementarias. En estas sociedades sedentarias en ceremonialismo adquiere importancia respecto a los ritos agrarios y de fertilidad y se inicia la construcción de centros ceremoniales.

La actividad volcánica en territorio ecuatoriano es una de las más intensas del mundo. En el Valle de Quito, los volcanes Pichincha, Pululahua, Ninahuilca y Casitagua, han protagonizado una larga historia de  erupciones que alteraron significativamente el paisaje y marcaron el destino de las poblaciones asentadas en sus inmediaciones.

El Pichincha con sus 12km. En su base, 4794m de altura y sus volcánicos apagados RUCUPICHINCHA Y CONDOR HUACCHANA, mantiene una actividad su caldera principal ubicada en el GUAGUA- PICHINCHA. No obstante los riesgos inherentes a vivir en las faldas de este peligroso volcán desde el Periodo Formativo (+-1.500  a.C.) se asentaron grupos humanos que enfrentaron el reto de forjar su historia aquí, bajo la permanente amenaza del fuego, la ceniza y los aluviones.

La vertiente oriental del volcán Pichincha constituye un sistema de drenaje que se encauzaba a través de 68 quebradas que antiguamente alimentaban las lagunas del Sur y Norte de Quito. Junto a estas quebradas y lagunas se asentaron los primeros pobladores (+- 1.500 – 500  A.C.), en grupos dispersos de familias de tradición Cotocollao.

Las lagunas del Norte de Iñaquito se desecaron y recargaron en varias ocasiones, como consecuencia de las erupciones volcánicas, depósitos de ceniza y aluviones de gran potencia hasta que en los primeros años de la Colonia desaparecieron por completo.

En la zona de Quito existió una serie de nichos ecológicos diferentes que permitieron la explotación de recursos abundantes y variados. El área de Cotocollao era muy favorable para los primeros asentamientos humanos y el desarrollo de la agricultura, gracias a su clima suave, temperaturas constantes, lluvias moderadas y suelos fértiles, así como la presencia de dos lagunas, hoy desecadas.

Las tierras de Cotocollao fueron las más aptas de todo el valle de Quito para la agricultura porque no son ni húmedas ni secas. En realidad se da un movimiento balanceado del agua que cae en forma de lluvia, razón por la cual los suelos son automáticamente fértiles durante todo el año.

El altiplano de Quito se destaca también por ser un punto estratégico para el intercambio con la Costa y la región Amazónica a través de bocas de montañas de fácil tránsito, situación que beneficio a los pobladores de Cotocollao.

El poblado Formativo Cotocollao se ubicó a 2.800 msnm, al norte de la actual ciudad de Quito, junto a una laguna existente en este lugar. Desde 1.500 A.C. el poblado fue creciendo paulatinamente sobre las laderas del Pichincha, constituido por “grupos de casas” que llegaron a ocupar
un área 12 Arqueología de Quito I Fase Cotocollao, Pedro Porras, Quito. Tuvieron un aproximado 26  hectáreas y una población aproximada de 750 habitantes en el año 500 A.C., época en la que fue destruido por una erupción del volcán Pululahua.

Construyeron casas rectangulares (5X8 mts.) con paredes de bareque y techo de paja, orientadas siempre al este y asentadas sobre pequeñas ”grandas” cortadas en la cangahua para nivelar el terreno.
En su interior había camas y repisas levantadas del suelo, fogones y un hogar propiamente dicho en el centro. Existían también huecos grandes para almacenamiento, ubicados dentro y fuera de
las casas de los sitios de elaboración de cerámica. 

La selectiva y continua ocupación de un sector particular del poblado como área de entrenamiento reservada para determinados grupos, demuestra su Organización Social basada en lazos de descendencia común o linaje, las prácticas de ritos funerarios y el culto a los antepasados. Estas circunstancias reflejan también un “status” diferencial dentro de la Organización Social
temprana, así como la existencia de primeros socioeconómicos que demuestran una estratificación y diferenciación entre poblados.

Las excavaciones pusieron al descubierto un cementerio con más de 200 esqueletos en perfecto estado de conservación. En la fase temprana del poblado (1.500 – 1.100  A.C.) enterraban a sus muertos en tumbas individuales. El cadáver era colocado en posición flexionada, rodeado de piedras y cubierto con hojas de maíz. Aparentemente fueron personas que recibieron un trato preferencial por su rango privilegiado dentro del poblado.

Por encima de estos enterramientos se hallaron otros que constituían la parte tardía del cementerio y fueron depositados en diversas posiciones y direcciones, formando una especie de “fosa común”. El tipo de enterramiento más generalizado es en posición flexionada. Algunos se hallaban sentados con los brazos fuertemente atados alrededor de las piernas. Existen entierros secundarios, o conjuntos de huesos vueltos a enterrar formando “paquetes”. Pocas ofrendas fueron depositadas junto a los muertos. Los recipientes de cerámica y piedra se hallaron fracturados intencionalmente, seguramente por efecto de algún rito funerario.

El estudio de los esqueletos determinó la presencia de niños, jóvenes y adultos de ambos sexos. Existe una paridad entre adultos masculinos (42) y femeninos (40) , con la salvedad de que en  casos no se pudo identificar el sexo.  La deformación craneana no es generalizada pero se da en todo los grupos de edad y sexo y consistente, generalmente de un aplanamiento occipital. La expectativa de vida al momento de nacer fue de 28 años.

La cerámica se caracteriza por una variedad de formas de vasijas con decoraciones únicas y exclusivas. Conocieron 21 técnicas decorativas y 60 motivos o diseños básicos. Cabe resaltar la presencia de botellas de forma similar a las de Machalilla y Chorrera, así como una variedad local que ha sido denominada “Cotocollao” por ser diagnóstica de este sitio. En el Ecuador, la botella con asa en forma de estribo aparece, acaso por primera vez, en esta zona de Quito hacia el año de 1.500 A.C., y es una de las evidencias más antiguas en Sudamérica.

La Cultura Cotocollao se destaca por su gran desarrollo técnico en el trabajo en piedra: herra- 84 mientas de obsidiana, basalto y pedernal, en la elaboración de hachas para las tareas agrícolas, piedras de moler, metates y morteros para tareas domésticas.

Merecen especial atención los recipientes de piedra minuciosamente trabajados y decorados. Su forma y tamaño los hacen únicos en el Ecuador, y es evidente que fueron elaborados por especialistas para fines ceremoniales.

Se evidencia también dos formaciones de lagunas cercanas al poblado, que implica una explotación de recursos lacustre: totora, arcilla, arena, limo y faunísticos (con sus derivados: aves, huevos, caza). Las quebradas aledañas que, a más de agua fresca durante todo el año, proveen de piedras para la fabricación de recipientes decorados.

Accedieron a los productos “exóticos” de lo que hoy es el noroccidente de Pichincha: algodón,
ají, sal, coca, etc. Los pobladores de Cotocollao inician la exportación de la obsidiana hacia la Costa para la elaboración de utensilios de uso doméstico y artesanal. La gran cantidad de torteros (“fusiolas” o volantes de hueso) de cerámica para hilado, así como las improntas de textiles, permiten inferir el uso del algodón por la confección de prendas de vestir.


Parque Arqueológico y de Investigación Científica Cochasqui


PARQUE ARQUEOLÓGICO Y DE INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA COCHASQUI



Ubicación 
Comunidad de Cochasquí

Horario de atención 
Lunes a domingo 08:30 / 16:30

Costo de ingreso 
Extranjeros $3,00
Nacionales $1,00
Estudiantes $0,50
Tercera edad y niños $0,20

El Parque Arqueológico de Investigación “Cochasquí” es una de las evidencias más importantes de la civilización pre-inca de la provincia de Pichincha y su patrón de asentamiento es diferente a los conocidos en Mezo América y Los Andes.

El complejo Cochasqui, ubicado en la parroquia Tocachi, cantón Pedro Moncayo, provincia de Pichincha, cuenta con 15 pirámides, 21 montículos funerarios, cuatro museos de sitio, 83,9 hectáreas de área arqueológica preservada y conserva una serie de estudios históricos, arqueológicos, antropológicos, etnográficos y arquitectónicos,  que representan la evidencia para resaltar el valor de la cultura Quitu-Cara.

Arqueológicamente, Cochasquí es un sitio donde se encuentra 15 tolas cuadrangulares o pirámides truncas, nueve de ellas tiene rampa y seis no la tienen; están rodeadas por 21 montículos funerarios o tolas de planta circular. Existen varias teorías que hablan de la funcionalidad de las pirámides y tolas circulares de Cochasquí: La más difundida es la del arqueólogo Alemán Max Uhle, quien en 1 933, dijo que el recinto entero conforma un sitio ceremonial - ritual puesto que se encontró 556 cráneos en una de las pirámides. 

Esta investigación fue apoyada en 1 964 por el arqueólogo Udo Oberen, y por el "grupo Ecuador". Veintidós años después, en 1 986, el astrónomo ruso Valentín Yurevitch concluyó que Cochasquí fue también un sitio astronómico de inmensa importancia para la cultura Quitu - Cara, durante la etapa preincásica. 

Las pirámides de Cochasquí tienen como elemento constructivo predominante la cangahua, material volcánico de considerable resistencia en forma geométrica de una base mayor y una base menor lo que determina una pirámide trunca, sus cuatro lados en forma de trapecio concluyen el prisma cuadrangular con una rampa orientada de sur a norte o desde el lado más bajo, hasta la cima de la pirámide, con sus laterales en forma de trapecio. La zona monumental de Cochasquí es un claro testimonio de un remoto pasado, de formas de arquitectura prehispánica que pertenece al período de integración de la prehistoria de 500 a 1 500 años D.C en dos períodos: Cochasquí I 950 - 1 250 a. c. Cochasquí II 1 250 - 1  550 a. c. 

Dicha descripción la efectúa de acuerdo a los fechados radio carbónicos y a las características cerámicas de las excavaciones de Obren.  El Parque cuenta con un museo arqueológico de sitio, dos museo etnográficos, un jardín etnobotanico y un museo didáctico de instrumentos musicales, armas y elementos de juego.Dentro de los estudios arqueológicos geológicos, antropológicos, históricos, arquitectónicos y etnográficos se ha determinado el valor histórico cultural de este Patrimonio Nacional bajo el reconocimiento de la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO.


Varias investigaciones llevan a creer que Cochasquí, como otros centros arqueológicos, son fiel evidencia de la cultura Quitu-Cara, una desarrollada organización social, tecnológica y científica que habitó una vasta región desde la Costa hasta la Amazonía y desde el norte de la provincia de Pichincha, hasta la región sur de Colombia.

En Cochasquí se maneja la hipótesis de una construcción Quitu-Cara, que pertenece al período de Integración de la prehistórica de 500 a 1.500 años d.C. Cochasquí I de 950 – 1.250 y Cochasquí II de 1.250 – 1.550 d.C.

En 1.933, el arqueólogo alemán Max Uhle desarrolló estudios y excavaciones y como conclusión e hipótesis dijo que las pirámides fueron sitios ceremoniales-rituales, ya que en una de ellas, encontró 556 cráneos.

Para 1.964, científicos alemanes de la Universidad de Bonn, realizaron estudios y excavaciones en las pirámides y en los montículos funerarios, los resultados confirmaron que Cochasquí fue un sitio habitacional, sin descartar lo ceremonial-ritual, porque sobre las pirámides estaban construidas habitaciones en forma circular (bohíos) para los gobernantes y unas plataformas de barro cocido, denominadas pisos de las casas; así mismo, lograron determinar la forma estructural de las pirámides.

Valentín Yurevitch, astrónomo ruso, en 1986, ejecutó estudios de arqueo-astronomía y en sus conclusiones se registran bajo el título “Posible significación astronómica”, afirmó que Cochasquí era un sitio ideal para observar los astros y las constelaciones que influyen en la Tierra.

Actualmente, el Parque cuenta con un museo arqueológico de sitio, dos museos etnográficos, un jardín etno-botánico y un museo didáctico que expone instrumentos musicales, armas y 
elementos de juego.

Las pirámides tienen como elemento constructivo predominante la cangahua. En la conformación urbanística, la orientación de los monumentos no guarda un orden predeterminado. El volumen corresponde a una escala mayor que destaca el carácter y la fusión de las pirámides con relación a sus entornos naturales y astronómicos.

La imponencia y majestuosidad del conjunto denota el desarrollo tecnológico-científico de la cultura pre-incásica que se asentó con esta región. Los museos cuentan con muestras de importancia etnográfica y para recrear un ambiente autóctono de las viviendas prehispánicas, el Museo Arqueológico tiene piezas de cerámica, lítica y obsidiana, en una construcción de cangahua, carrizo, paja de páramo, madera y otros.

Cochasquí, según la lengua tsafiqui, que utiliza la etnia Tsáchila, significa “agua del frente de la mitad”, se muestra como un punto de visita todo el año, pero de manera especial en marzo, cuando se celebra la Mushuk Nina o Año Nuevo andino que marca el inicio del tiempo de cosecha.